Tiempo de lectura: 5 minutos

Cerca del 80% de la población adulta sufre dolor de espalda en algún momento de su vida y alrededor del 20% de los adultos trabajadores tienen dolor crónico en la parte baja de la espalda, el cual puede ubicarse a nivel de la columna lumbar o en tejidos paraespinales.

Recordemos que nuestra espalda está compuesta por una compleja estructura de músculos, ligamentos, tendones, discos y huesos, que trabajan juntos para apoyar el cuerpo y nos permiten movernos.

El dolor crónico es aquel que tiene una duración superior a tres meses, y se debe tener en cuenta al menos cuatro razones que impactan en el dolor lumbar:

1. Anatómicas

Se da por lesiones vertebrales, articulares, musculares, de ligamentos, de discos o del periostio vertebral (en deficiencia de vitamina D) y también por inflamación o desgaste de las fascias.

2. Funcionales

Por causas metabólicas, nutricionales (como deficiencias de vitamina D, vitamina B12; por desbalance de grasas, por acidosis metabólica subclínica o por la dieta occidental), y disquinéticas (como posturales, ergonómicas y biomecánicas).

La irritación crónica de las articulaciones facetarias secundaria a hiperlordosis lumbar, puede ser debida a contractura de los músculos flexores de la cadera (psoas e ilíaco), debilidad y relajación de los rectos abdominales y/o obesidad abdominal; adicionalmente, la incoordinación en músculos paraespinales permite el microtrauma recurrente, muy común en personas con fuerte dolor de espalda.

Estos defectos kinestésicos y propioceptivos también se presentan en personas con dolor crónico y lesiones recurrentes que involucran las rodillas y los tobillos.

3. Neurocompresivas

Radiculopatías compresivas o inflamatorias.

4. Patológicas:

Por enfermedades que comprometen órganos abdominales, metástasis, infecciones, artritis, traumas, síndrome de la cauda equina, etc.

¿Qué sucede en la actualidad cuando presentamos alguna(s) de estas razones de dolor de espalda?

Convencionalmente, cerca del 85% de los casos se quedan sin causa específica en el diagnóstico (llamada Lumbalgia inespecífica), y de la misma manera, los tratamientos que las personas siguen son inespecíficos y limitados a medicamentos y procedimientos médico quirúrgicos como AINEs (fármacos Anti Inflamatorios No Esteroideos), relajantes musculares, antidepresivos, benzodiacepinas, corticoides, opioides, cirugías, infiltraciones, bloqueos, terapia física, ejercicio, reposo, terapias alternativas, etc.

Además, se ha encontrado que el uso de estatinas genera daños en las fibras musculares, produciendo dolor músculo esquelético crónico secundario (estos medicamentos se recetan convencionalmente para el manejo o la prevención de las dislipidemias).

¿Qué puede estar causando problemas de lumbalgia crónica?

Se deben explorar algunos factores, como:

Deficiencia de vitamina D.

Está demostrado que cerca del 95% de los pacientes con dolor músculo esquelético crónico presentan una deficiencia de vitamina D. Así pues, el dolor por esta causa no responde a los AINEs u otros procedimientos, incluidas las cirugías.

Desbalance o deficiencia de ácidos grasos.

La dieta occidental con la que estamos acostumbrados es básicamente inflamatoria y oxidante con un exceso de grasa saturada como: grasas trans y omega 6, y con un bajo consumo de ácidos grasos omega 3 y otras grasas esenciales benéficas; esto promueve el dolor lumbar crónico persistente debido a que es una alimentación rica en azúcares y todo tipo de carbohidratos también.

Los Ácidos Grasos Omega 3 tienen beneficios antiinflamatorios y analgésicos; la suplementación con ellos ha demostrado reducción del dolor y de la necesidad del uso de analgésicos.  Otros efectos que parecen contribuir con estos resultados son las acciones simpaticolíticas y el incremento de la actividad serotoninérgica de estos ácidos grasos a nivel del sistema nervioso central.

Deficiencias minerales o desbalance ácido-base.

Nuevamente, la dieta occidental produce un estado de acidosis metabólica crónica resultante del alto consumo de alimentos acidogénicos como el trigo, la leche de vaca (o de bolsa) y el cloro (del cloruro de sodio), y el relativamente bajo consumo de frutas y vegetales alcalinizantes.

Este tipo de dieta (acidogénica) incrementa la pérdida de minerales como el calcio y el magnesio a través de la orina, ya que nuestro organismo -al tener un pH ácido- debe extraer iones alcalinos (como el calcio y el magnesio) para contrarrestar esa acidez en la sangre, y al subir el nivel de acidez, se aumenta la filtración.

Te puede interesar:  ¿Qué efecto sobre la salud tiene la cafeína y las bebidas estimulantes?

Esa deficiencia puede ocasionar la aparición del dolor músculo esquelético y central; prueba de ello es la desaparición o mejoría del dolor que se logra con una dieta basada en alimentos alcalinizantes en personas con dolor crónico por fibromialgia y artritis reumatoidea.

Una dieta alcalinizante ayuda a mantener los niveles de calcio y magnesio en nuestro cuerpo, promoviendo la salud ósea y muscular.

Así que, los beneficios de una dieta con un pH más balanceado incluyen la prevención y el tratamiento de la osteoporosis, de la disminución de la pérdida de masa muscular relacionada con el envejecimiento, la prevención de cálculos renales, la hipertensión, el asma inducida por el ejercicio y la insuficiencia renal crónica relacionada con el envejecimiento.

Alteraciones sutiles en la función propioceptiva, coordinación neuromuscular y de la motilidad articular.

Estos factores contribuyen al dolor lumbar crónico aún en personas aparentemente normales y sin historia de trauma músculo esquelético o neurológico y con examen físico normal.

Los déficits propioceptivos y de coordinación se manifiestan en los músculos de los glúteos, y son fácilmente producidos en ejercicios de entrenamiento sobre superficies inestables.  Estos déficits en los glúteos representan déficits similares en los músculos para espinales con reducción de la estabilización pélvica y lumbar, lo que produce un micro trauma acumulativo en la columna lumbar, al mismo tiempo que se reducen los impulsos desde las neuronas mecano receptoras bloqueándose la nocicepción.

La causa de esta descoordinación dinámica no sólo es inducida por el entrenamiento físico inadecuado (y más cuando se trata de personas con estilos de vida sedentarios), sino que también está implicada la deficiencia de vitamina D -nuevamente-, la que produce un sutil desbalance en el sistema músculo esquelético.  En las personas mayores, con la suplementación de la vitamina D se ha visto mejoría del balance y la coordinación, además del prevenir las fracturas.

Las aberraciones en la propiocepción se dan cuando hay dolor lumbar crónico persistente; en este caso las intervenciones terapéuticas manuales como la manipulación quiropráctica, modifican favorablemente los procesos corticales y la coordinación propioceptivo kinestésica.

¿Qué recomendaciones seguir para reducir un dolor músculo esquelético – Lumbalgia?

A la luz de las consideraciones anteriores, las dos categorías fundamentales para la prevención y la mejoría del dolor lumbar crónico don del tipo bioquímico y de tipo físico, según las condiciones o necesidades de cada persona.

1. Intervenciones bioquímicas y psicoemocionales.

Se trata de un énfasis en el estado nutricional (comenzar una dieta rica en fitonutrientes) y cambios en estilos de vida.

Los hábitos dietéticos inadecuados pueden influir de forma negativa causando deficiencias nutricionales, o por mecanismos físicos por exceso de calorías -que llevan al sobrepeso y a un IMC superior a 25- o por la falta de fitonutrientes y minerales adecuados.

Se debe tener en cuenta que, cuanto más joven es la persona con sobrepeso, mayor es el riesgo de lumbalgia y de hernias discales.

La obesidad promueve la hiperlordosis lumbar, la que a su vez incrementa la sobrecarga para las fascias articulares, causando hipersensibilidad a este nivel.

Los factores psicosociales como el sedentarismo, el tabaquismo, el consumo de alcohol, la depresión, el estrés, el aislamiento social, entre otros, son estilos de vida que empeoran los desequilibrios nutricionales, la oxidación y la inflamación, contribuyendo al dolor muscular.

Las deficiencias nutricionales de Vitamina D, ácidos grasos Omega 3 y Magnesio promueven el dolor y la inflamación.

2. Los alimentos inflamatorios que se deben evitar

Hablamos de alimentos que incluyen grasas saturadas, ácidos grasos poliinsaturados (grasas trans, hidrogenados o refinados), bebidas azucaradas (jugos artificiales, gaseosas) y otros carbohidratos.

Los lácteos, las carnes de res, cerdo y cordero son fuentes ricas en ácido araquidónico (precursor de isoprostanos, leucotrienos y prostaglandinas hiperalgésicas) y son altamente inflamatorios.

Ver guía de alimentos Antiinflamatorios

3. Hacia una dieta antiinflamatoria

Una dieta basada en plantas provee una gran cantidad y diversidad de fitonutrientes, produciendo beneficios antiinflamatorios y antioxidantes.

Te puede interesar:  Elimina los alimentos que provocan inflamación del colon y sigue esta dieta por 21 días para superar el estreñimiento

Una dieta saludable se basa en el consumo de abundantes frutas, vegetales, nueces, bayas y semillas, incluyendo pescados, soya, proteína aislada de soya y de trigo.  El aceite de oliva debe consumirse en forma generosa, al igual que el de coco, retirando los aceites vegetales.

En general se trata de una dieta con alimentos naturales, basada en vegetales y con abundante proteína como la dieta mediterránea y paleolítica.  Si se quiere acelerar el impacto positivo, es recomendable una suplementación de vitamina D, ácidos grasos y probióticos.

Para la mayoría de personas estos cambios en la alimentación corrigen el pH ácido en el organismo y lo nivela hacia un pH alcalino.

Adicionalmente hay beneficios al llevar una dieta alcalina, como el incremento en la excreción urinaria de xenobióticos (compuestos sintéticos extraños que no deben ser parte de nuestro organismo), la reducción de los niveles de cortisol circulante, la reducción de la reabsorción ósea y el alivio del dolor lumbar crónico.

4. El balance de los ácidos grasos

El principal problema que observamos es el exceso en el consumo de grasas trans, grasas saturadas en general y en particular ácidos linoleico y araquidónico.  Inversamente, el consumo insuficiente de Ácido Alfa-Linolénico (ALA), Ácido Gamma-Linolénico (GLA), Ácido Eicosapentaenoico (EPA), Ácido Docosahexaenoico (DHA) y Oleico, acentúa el desbalance y contribuye con el estado inflamatorio crónico inducido por la dieta.

La corrección de este desbalance con una dieta y suplementación apropiada, reduce y mejora de manera sostenida la inflamación sistémica y el dolor en pacientes con procesos que incluyen desde artritis reumatoidea y lumbalgia crónica hasta enfermedad cardiovascular.

La intervención consiste en disminuir la ingesta de ácido linolénico (de los aceites de granos) y ácido araquidónico (de las carnes y los lácteos).

Además, sirve la suplementación de:

  • Ácido Gamma-linolénico – GLA: 500 a 3.000 mgs/día
  • Ácido Alfa-Linolénico – ALA: 3 cucharadas de linaza molida diarias
  • Ácido Eicosapentaenoico – EPA y Ácido Docosahexaenoico – DHA: De aceite de pescado (1.200 a 3.000 mgs/día)

5. Corregir deficiencias nutricionales

Vitamina D3: Se utiliza en dosis de 5.000 UI/día

Vitamina C: Evaluar la necesidad de suplementar con esta vitamina por sus efectos antiinflamatorios, antioxidantes y como cofactor en la producción de colágeno.  Dosis de 1.000 a 3.000 mgrs/día.

Vitamina B12: Por sus efectos metabólicos, neurológicos y analgésicos. Útil especialmente cuando hay compromiso neurológico, como en las radiculopatías.  Se utiliza en dosis de 2.000 a 4.000 microgramos/día.

6. Intervenciones físicas

Se pueden utilizar individualmente o asociadas ayudando optimizar el resultado; entre las opciones están:

Corrección y manejo postural: Debes tener permanentemente una postura erecta y relajada, independientemente de la actividad que realices.  La disfunción sacro ilíaca o el desnivel de la base del sacro inducen escoliosis lumbar, la cual puede causar dolor crónico.

Estiramiento muscular: Los músculos más frecuentemente involucrados en la lumbalgia (y que deben estirarse individualmente) son los glúteos mayor y medio, psoas, cuadrado lumbar, erector de la columna y los intrínsecos espinales.

Aumentar el ejercicio físico: Es útil para aliviar y para prevenir el dolor.  En especial se deben trabajar los músculos del abdomen, la región lumbar y los glúteos.

Acupuntura: Produce alivio del dolor por mecanismos neurofisiológicos y vía endorfinas.

Yoga: Produce alivio del dolor, estiramiento, balanceo, reducción del estrés, modulación del estrés, relajación.

Mejorar la dieta, hacer mayor actividad física y realizar un entrenamiento de fuerza ayudará a fortalecer la espalda y los músculos centrales.

El dolor crónico de espalda es una condición que está aumentando en la población, y cuanto más envejecemos, más probabilidades tenemos de experimentarlo.

Con estas recomendaciones, la mayoría de las personas pueden disminuir la molestia y el dolor, y a su vez, prevenir problemas mayores.

Director Médico de Salud Universal.

Médico de la Universidad del Rosario de Bogotá. Dedicó 9 años de su vida a la investigación en el área de la Inmunogenética y la Biología Molecular, en Harvard.

Deja un comentario

Su correo electrónico no será publicado.

También te puede interesar